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REPORTAJE// LOS SOLDADOS de blanco
M.Zambrano Lozada
sábado 11 de mayo de 2013 09:30 AM
Marielys Zambrano Lozada / marielyszambrano@hotmail.com

 Hoy, en el Día del Enfermero, Marcos Vinicio Parra, con casi 20 años de trayectoria, desnuda el lado humano de este grupo de profesionales que enfrentan la primera línea de batalla en la prestación del servicio de salud. Conozca a través de su historia como sobrevive el gremio, sus luchas, pesares, batallas con quienes reciben atención médica y familia. “Es una tarea difícil, pero la mejor recompensa que recibes es cuando el paciente te dice: ¡Gracias!”.

 

“No fue fácil afrontar la primera guardia como enfermero y mucho menos inyectar a un paciente por primera vez, sin que él se diera cuenta que yo era novato. Recordé entonces una y otra vez lo que me enseñaron en la carrera y colocaba rostro aplomado, relajado, como si dominara perfectamente la labor, porque la situación no podía salirse de control en medio de la crisis. 

Me llamo Marcos Vinicio Parra Araujo, tengo 47 años y soy enfermero desde hace 18. Cumplí mi primera guardia en el Hospital General de Cabimas una noche completa, de 7pm a 7am, en el área de medicina interna, hace 18 años. Desde entonces un montón de anécdotas he sumado.

He visto más de 25 personas morir en el cumplimiento de mi trabajo. Gente que en su lecho de muerte me ha dicho: ‘Gordo... gracias’. Eso me pone el corazón chiquito y he llorado en esas despedidas. Siento que hice lo mejor que pude y me llena el agradecimiento de esa persona moribunda, que aun cuando sabe que ya no hay remedio, se sintió aliviada por una atención dada con cariño.

Es que a veces te vuelves como familia de ellos y verlos morir es devastador. Ha habido familias que en medio de su dolor me agarran y abrazan. En estos días un hombre me abrazó y lloró inconsolable en pleno pasillo de la clínica donde trabajo ahora. Y me daba las gracias por todo lo que hice por su papá. No puedes evitar llorar también.

Pero ese primer día en el hospital respiré profundo y empecé a realizar mi trabajo aun cuando solo tenía de compañera otra enfermera, novata también, y ambos debíamos atender a 80 pacientes recluidos con pocos recursos en mano. Ese día aprendí que en esos casos el mejor alivio que le puedes dar a un paciente en crisis es el buen trato y diligencia. Había gente con pie diabético, infartados, unos con llagas, otros que necesitaban curas, y otro tanto con problemas pulmonares. Cada cosa que ví ese día me golpeó, pero seguía adelante y trabajé con esmero. Recuerdo que al terminar hubo pacientes que me dijeron: ‘Gordo me atendiste bien’. Y volvieron a mi cabeza las palabras de mis profesores médicos, al decirme en clases: ‘Sigue adelante. Tienes la actitud y puedes llegar muy lejos en esta profesión porque has sido uno de los mejores de la promoción’. Pero cuesta seguir avanzando, estudiando, cuando tienes guardias difíciles, un sueldo modesto que no te alcanza para pagar más estudios, y una familia que mantener.

Trabajando en el Hospital de Cabimas había muchos problemas con los pagos. Yo estaba en nómina, contratado como chofer de ambulancias y aunque después cumplía funciones de enfermero tras graduarme, me seguían pagando como chofer. No fue fácil. Demoraban para pagar los salarios al personal de enfermería, un recurso humano tan vital en el sistema de salud. Y yo tenía que suplir las necesidades en casa con cuatro hijos. No era suficiente lo que ganaba mi esposa y lo que ganaba yo, ambos enfermeros; mucho menos cuando tampoco nos pagaban a tiempo. Yo cumplía mis guardias y después un familiar me regalaba quesos y nata para ayudarnos, porque sabía que no había dinero en casa, no por falta de trabajo. Los metía en un saco y salía como San Nicolás, porque soy gordo y pesaba entonces 190 kilos, ahora 120. Los vendía a pie, de casa en casa, y con eso podía comprar la comida de mis hijos. ¿Difícil no? A pesar de todo no debías descargar tus problemas con los pacientes.

Creo que para trabajar en esta profesión, definitivamente, hay que tener vocación y dejar el orgullo a un lado. El único orgullo que debe sentir es el de ser enfermero. Yo aprendí de mis profesores, el doctor Roque Hernández, William Quintero, Ángel Barboza (ya fallecido), Darío Suárez, y muchos otros, que la ética era fundamental en el ejercicio. El doctor Suárez nos decía que debíamos ser humildes en el cumplimiento del trabajo, ser considerados, respetar al paciente como si fuera tu familiar, ser ético en lo que haces, quererse a sí mismo para poder querer a los demás y no maltratar al paciente que te necesita. A veces, solo con la forma como lo atiendes ya lo ayuda.

El enfermero es el que está en la primera línea de ataque. Y el paciente viene buscando un apoyo. Por eso no hay que tratarlo como un objeto, sino como una persona. Si tú te llamas Marielys, y voy a tu cuarto, debo decirte cuando te veo: ‘Hola Marielys como estás, como te sientes, cómo amaneciste, cómo te puedo ayudar. Llamarte por tu nombre’.
Ese trato te da recompensas únicas.
No un botón de reconocmiento de una clínica, sino el cariño del paciente. A mí me han llevado chivos a la casa, me han regalado gallinas, queso, hasta un ramo de flores con frutas me obsequiaron. Hay una familia en Cabimas, que quiero mucho, quienes todos los años me regalan una cesta de Navidad en agradecimiento. Las guardias son difíciles, de seis, ocho y 12 horas rotativas. Prácticamente vivimos dentro de una institución de salud. Por eso pienso que este tipo de personal debería ser más valorado y mejor pagado porque a un enfermero le cuesta mantener su familia. Afortunadamente tengo un trabajo donde me hacen sentir bien. Antes fui enfermero en otras partes. Yendo a trabajar me caí en una alcantarilla y me lesioné la pierna izquierda. Me dio una tromboflebitis y luego linfangitis. Casi la pierdo y estuve tres meses recluido en el Hospital. Porque ese es otro detalle: los enfermeros no tienen seguro médico aunque están expuestos a enfermedades infecto contagiosas y de riesgo. Tras la caída fui paciente. Ví a los colegas, que quizá pasaban la misma necesidad que yo pasé en mis comienzos, y resistían como lo hice yo cumpliendo con buen ánimo sus jornadas. Pero había otros que no. He conocido enfermeros muy valiosos, pero también he visto el rostro de quienes trabajan solo por un quince y último. Dios me ayudó para que en el hospital el personal médico y de enfermería tuvieran buen trato conmigo y me salvaran mi pierna.

Todavía necesito un by pass gástrico que oscila entre 90 mil y 100 mil bolívares, cifra impagable para mí, porque el peso que tengo no me ayuda. Espero colaboración de la Gobernación del Zulia.

Los principales miedos en el trabajo son las enfermedades infecto contagiosas. Aunque trabajamos con barreras, hay enfermedades que han mutado. Gracias a Dios no me he contagiado nunca, pero no estoy excento. Por eso cada día que mi esposa y yo entramos al lugar de trabajo, nos persignamos y solo así cruzamos la puerta.

La principal queja de los pacientes y familiares en los centros de salud es que el personal de enfermería cuando es solicitado dicen ‘Ya lo atendemos’ y después no llegan a tiempo. Te explico por qué sucede; un mal entendido. Un paciente está bajo estrés y su familia anda buscando ayuda, por eso se vuleve aprehensiva. El enfermero debe manejar la situación y tranquilizarlos, pero es común que tienes 80 pacientes que atender y solo hay cinco enfermeros. Entonces debes evaluar cual de ellos tiene más urgencia, aunque cada familiar piensa que lo que tiene su pariente es una emergencia. Ejemplo: tienes uno con fiebre y otro infartado. ¡Pues vas al infartado! Y cuando llegas al que tiene fiebre, te regaña porque dice que te olvidaste de él. ¿Ves? que no es sencillo.

Desapruebo a todo enfermero que maltrate al paciente. Debe resistir. En el cumplimiento de mi trabajo no me han golpeado físicamente, pero sí he visto familias que en medio de su estrés han intentado atacar al personal de guardia. Yo no lo apruebo y por eso los he llamado a la reflexión de manera enérgica pero con respeto. Les llamo la atención como si fueran mis hijos.

El personal de enfermeríoa no es tu esclavo, es tu amigo. Es él quien te va a ayudar a mejorar tu salud”.


 

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