Publicidad
Publicidad
A Fondo
  • Currently 2.00/5
Puntuación: 2.0/5
Elorza, la fiesta más criollita: FOTOS
A. Corona/ Fundes/ M.Zambrano
martes 19 de marzo de 2013 09:30 AM
Marielys Zambrano Lozada / marielyszambrano@hotmail.com

Cada 19 de marzo la festividad en honor a San José celebrada allá concentra turistas de todas partes, mayormente de los estados llaneros. Colapsan las pocas calles con más de 10 mil vehículos represados. Elorzanos reciben dos veces más la cantidad total de sus habitantes. Carraspea el arpa, cuatro y maracas a orillas del Río Arauca.

 El alma llanera, conocida también como un himno sentimental de Venezuela, se dibuja completita cuando por caminos sabaneros se llega a Elorza. En ese punto conviven como hermanos las garzas, las rosas, el sol, y el veguero o campesino que nace en la ribera espumante del imponente río Arauca vibrador. Elorza resume la estampa de la capital folklórica de Venezuela. 

Fotos: Marielys Zambrano L. / Angelchi Corona / Fundación para el Desarrollo Sustentable (Fundes)

Ese lugar, sencillo, donde se come frijoles, olorosas arepitas de maíz molido, queso fresco prensao, jugosa carne cocida en brasas y varas, coporo o bocachico frito, acabadito de sacar del mismo Arauca, es la cuna del folklore nacional, que se vive en su máxima expresión cada 19 de marzo, cuando se celebra la festividad en honor a uno de los patronos llaneros, San José.

Ese día Elorza colapsa, y previo a ello también. La tierra de leyendas, de gente noble y fascinantes sabanas verdes, espesas, ofrece al visitante la fiesta cultural más criolla de toda la geografía venezolana. Por eso, la fiesta en Elorza, a la que tanto le han cantado los copleros, desgrana un derroche de simpatía que atrapa, gusta y hace que el pueblo rebose de sentimiento nacionalista, que para el turista será muy difícil de dejar atrás en el polvoriento camino a casa —unas doce horas desde allá a Maracaibo, 1.200 kilómetros promedio—, porque se ha sembrado la espinita de regresar pronto para más.

Las humildes casitas rurales donde viven, siembran, pescan, arrean y cantan, poco más de 25 mil personas —de las que siete mil son de las etnias indígenas Cuiba y Pumé—, son insuficientes para recibir una avalancha de foráneos: un promedio de 60 mil personas mayormente de los estados llaneros y de Colombia, que los invaden y sacuden para fiestear.

El desfile de camionetas ‘grandotas’ empieza cuatro días antes del 19. Las calles serán ríos de gente y motores.
“Se estaciona una detrás de otra, impidiendo las salidas. Surgen las trancas. Desde los micrófonos de las tarimas populares empiezan a nombrar placas de vehículos para que los muevan. Y nadie hace caso porque la gente está desplegada en las calles. Dicen ‘la camioneta tal tiene tres días trancada. La mujer del propietario lo va a matar”, describe jocoso Horacio Jiménez, dueño de una posada.

Rostros diversos llegan al pueblo para contrarestar con la piel tostada, nariz perfilada, sonrisa inocente y ojos profundos del veguero. “Me gusta ver los turistas. La gente viene a parrandear a punta de arpa, cuatro y maracas”, cuenta Manuel González, un trabajador agrario, que toma cervezas frías sentado en un restaurante típico, adornado con caparazones pintados de galápagos, caripatúas, morrocoyes, cabezas de baba, búfalos, novillos, venados y hasta conchas de cachicamos. Su amigo Iván García, remacha estas sentencias con otra frase: “Hoy es la víspera de la feria. No volveremos al trabajo sino hasta el 20 de marzo. Ya los patrones saben. Y ellos también se van a parrandear. Así que, en las fincas se trabaja por raticos”.

Juntos pero no revueltos. Así estarán patrones, turistas y vegueros en la festividad. Juntos, porque en las calles —las cuales tienen por denominación nombres de cantantes del llano, como Reinaldo Armas, El pollito de Arichuna, Juan Vicente Torrealba, Eneas Perdomo—, van a caminar todos por igual. Y colmarán la plaza Bolívar y sus alrededores; también la plaza del Mestizaje, la Rómulo Gallegos, el paseo Alma Llanera, las riberas del Arauca, y los oficios religiosos en la Iglesia del pueblo.

Pero no revueltos, porque después que los actos culturales, deportivos y religiosos se cumplan en el día, vegueros, patrones y turistas se dividirán para disfrutar el cartel de feria.

“Tenemos el rincón del veguero, —que es un patio extenso con un escenario, al lado del río Arauca—. Allí se coloca una tarima, cornetas y kioskos de cerveceros, artesanos y vendedores de ropa y objetos diversos. En ese escenario se presentan cantantes llaneros poco famosos y hacen cola para cantar música venezolana durante cuatro días gratuitamente. Empiezan desde las cuatro de la tarde y terminan a las 10 de la mañana del siguiente amanecer. A veces no hay tiempo para que canten todos”, comenta Adalberto Calzadillo, primo de Eneas Perdomo y propietario de una farmacia. Esa tribuna será la plataforma de los cantantes novatos, porque las fiestas elorzanas serán transmitidas por 35 televisoras regionales y 25 circuitos de radio del país.

A ese punto es donde llega el campesino a disfrutar de la fiesta, junto con buena parte de los turistas. El otro grupo se concentrará en la ‘ caseta ferial’ —un centro turístico privado— donde alrededor de 2000 personas pagan en promedio 300 bolívares por ‘ cabeza’ para ver otro cartel de feria, con los grandes de la música llanera, describe Yéssica Torrealba, del equipo de turismo en Elorza.

Esas voces conocidas que carraspean al ritmo del arpa, cuatro y maracas, tienen por obligación regalar una o dos canciones en la tarima veguera. Por eso deberán ir al rinconcito campesino cuando terminen sus presentaciones privadas. El cantante Jorge Guerrero es uno de ellos. Elorzano de nacimiento, se convirtió en profeta en su tierra, asunto que un investigador japonés vino a comprobar en las fiestas para darle justificación a sus teorías sobre la conducta humana. Guerrero, con una finca cercana, se ganó el corazón de Elorza. Su gesto continuo de generosidad contribuyó a ello: tiene por costumbre matar tres reses durante las fiestas y asarlas para repartirlas al pueblo. Con los huesos, su hermana prepara ollas de sopa para completar la degustación popular. Fue él quien en una de sus canciones bautizó el poblado con la sentencia: Somos lo más criollito del mapa.

El rugido de más de 10 mil carros por año que entran en cada fiesta, colapsan las modestas calles, usualmente repletas de campesinos que hasta arrean en motos. El alcalde del municipio Rómulo Gallegos, Leopoldo Estrada, comenzó a medir el fenómeno cultural y sacó cuentas de inmediato. Él y su equipo notaron un atractivo turístico por explotar, razón por la cual ya organizan productos propios para el turismo.

“Empezamos a medir todo. Nos dimos cuenta que vienen alrededor de 60 mil turistas para acá. Eso es casi tres veces más de la población total de Elorza. La gente duerme en hamacas en las calles porque no hay suficientes posadas. Traen entre cuatro a seis mil bolívares para gastar. Eso traduce 150 mil bolívares en turismo por cuatro días. Además de la parte folklórica, esto es una actividad dinamizadora de nuestra economía. Nos llegan alrededor de 1.300 buhoneros que pagan unos 300 bolívares por alquilar el espacio municipal. Y las cerveceras que dejan miles de litros de licor acá. Eso nos ha traído un problema porque desencadena muchas micciones. Así que, se planea ofrecer bebidas ‘picantes’, como ron o whisky, para que la gente vaya menos al baño”, explica.

Hamacas colgadas en plazas, en vías públicas o en patios familiares, servirán de hoteles, porque las 16 posadas no dan abasto. El propio alquila hasta cuartos de sus viviendas como oportunidad de negocio. “Yo me vine del Táchira a vender ropa. Se comercializa bien en estas fiestas”, confiesa Juan Fernández, quien al lado tiene a Alirio Martelo, vendedor de Valencia, y Xiomara López, de San Cristóbal, también en lo mismo.

La gente camina ataviada con sombreros llaneros, botas puntiagudas, alpargatas. Las mozas lucen shores y bailan joropo sin pena. A los hombres un golpe de viento guapo les pone a volar la camisa a cuadros. Un decreto que prohibe el uso de otra música durante las fiestas llama a recato. Se levanta el polvorín en la manga de coleo con los toros coleados, las peleas de gallo, los actos culturales con niños. Todo nutrido a golpe de joropo, pasajes, pajarillos, seis por derecho o carnaval. Los músicos se enfrentan recios al contrapunteo que despierta pasiones en tarima.

Así se vive la feria que por 58 años agita una sabana repleta de 700 unidades de producción agrícola a su alrededor. Ya es 20 y amaneció. El pueblo vuelve a la calma y el torbellino pasó.

 

Noticias Relacionadas
Dejanos tus comentarios
Avances de
A Fondo
Publicidad
Publicidad
Arriba
Copyright@Panorama.com.ve 2014. RIF: J-30202528-1
Aviso Legal, Políticas de Privacidad, Términos y Condiciones de Uso