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REPORTAJE// FÁBRICA de fantasía en Río
Otto Rojas
viernes 08 de febrero de 2013 09:30 AM

Puertas adentro en los galpones de la Ciudad de la Samba, las comparsas vibran como queriendo salir a bailar en el Sambódromo. Quedan pocas horas para el desfile que cada año acapara flashes y celebridades. Así se prepara Río de Janeiro para el Carnaval.

 Los rayos del sol apenas van resplandeciendo sobre las pintorescas playas de Río de Janeiro, cuando en la calle Rivadávia Correa en Gamboa se escucha el ruido ensordecedor de los esmeriles, creando a la perfección cada pieza de las majestuosas carrozas que se verán en los gloriosos desfiles del Carnaval este fin de semana.

 En esa calle retirada de la vida turística de Río de Janeiro, se encuentra la Cidadade do Samba (ciudad de samba), llamado así al gigantesco lugar donde se fabrican y se le da vida a las fantasías de las doce escuelas que compiten cada año por ser la mejor. Cada una de ellas posee un galpón de más de 5.000 metros cuadrados en el que cientos de obreros trabajan sin descanso para lograr la espectacular y exuberante vistosidad que logran en las carrozas temáticas que se producen con casi nueve meses de antelación. Todo comienza en un boceto. En papel se plasman las ideas una vez definida la inspiración. Le sigue la música y la elección de la reina, más invitados especiales.

“La visión y creatividad de cada escuela son las que aportan al Carnaval de Río de Janeiro una espectacularidad casi nunca vista en ningún otro evento en el planeta”, suelta con orgullo Elisa de Freite, una carioca que se encarga de colocarle las últimas lentejuelas y plumas a las exóticas vestimentas que usarán las despampanantes garotas de la escuela Vila Isabel.

Guardan con celosa y suspicaz sus diseños y creaciones, es un gran secreto que mantiene a puertas cerradas y no permiten darlo a conocer si no hasta el día del desfile.

“Se busca sorprender al espectador y al jurado con la fantasía, por eso somos muy cuidadosos en mostrar nuestras carrozas y trajes, se trata de una competencia”, sentenció Paulo Barros, autor de la historia que desfiló la escuela Unidos de Tijuca en 2012, la cual la hizo merecedora del trofeo de campeón.

La escuela “Grande Río” presentará en esta edición una comparsa con tinte económico que titularon “Amo Río y voy a luchar: Oro negro sin disputa”. Dedicado al conflicto por las regalías petroleras en Brasil. “Es una manera de hacer un reclamo artístico al Gobierno, para que le otorgue al estado de Río lo que le corresponde por el petróleo, ya que es de aquí donde se extrae la mayor cantidad”, expone Elena Sosa, asesora turística.

Cerca de 75 mil personas plenan la “Pasarela do samba” (verdadero nombre del Sambódromo) las cuatro noches del desfile de Carnaval que comienzan hoy. Las entradas están agotadas con un año de antelación; sin embargo, las agencias de turismo y revendedores ambulantes ofrecen hasta el mismo día del show boletos que oscilan entre los 200 y 3.000 dólares, según el día y la localidad.

El espectáculo que es seguido por 120 millones de personas alrededor del mundo dura casi de diez horas, comienza a las 9:00 pm y la última escuela en desfilar lo hace con la salida del sol en la madrugada. Según el reglamento, cada escuela debe desfilar entre 62 y 85 minutos los 720 metros de la obra del arquitecto Oscar Niemeyer rodeadas de gradas a cielo abierto.

 Cualquier persona, nativo o turista, puede participar. Basta comprar el traje para poder recorrer el Sambódromo. Los precios varían según la fantasía a adquirir. Los más accesibles pueden costar 200 reales (100 dólares) para los desfiles de hoy y el sábado.

Las grandes sorpresas ya comienzan a develarse y crean bastante expectativa sobre las fiestas cariocas. Una empresa multinacional de afeitadoras confirmó la asistencia del rapero surcoreano PSY, quien interpretará una versión exclusiva de su hit para el evento “Oppa samba style”. También está confirmada la presencia de afamadas celebridades como la socialité Kim Kardashian y la sensual actriz Megan Fox.

“Es un evento donde todos somos iguales, donde los pobres bailan con los ricos, es un momento de unión en el que no hay diferencia de ningún índole. Acá desfilan ancianos, niños, jóvenes, negros, blancos, gays, lesbianas y transexuales por igual”, sostiene Sylvia Guzmán, quien lleva 10 años desfilando con la escuela Mangueira y Portela.

El Carnaval de Río de Janeiro es una de las más grandes y frenéticas fiestas. Dura cinco días con la histeria alcanzando diferentes niveles cada noche. Hay fiestas callejeras llamadas “Carnavales de rua” en todos los rincones de la ciudad por donde quiera que vaya, los ritmos de samba que hacen mover las caderas y los vibrantes bailes se sirven a cualquier hora, al igual que la cerveza. Para ellas no requiere ninguna entrada y todo el que quiera disfrutar puede unirse al jolgorio multicolor que invaden las avenidas de Río de Janeiro y divertirse como lo hacen los cariocas. Por lo general, empiezan en un lugar predefinido como un bar o una plaza.

Surgen con el repique de un tambor. y se arma el desfile espontáneo que corre por las calles atravesando las playas de Leblón, Ipanema, hasta llegar a Copacabana.

Se escucha al unísono un popurrí de música, baile, cultura, belleza y locura en un frenesí que logra su máxima expresión cuando las miles de personas se unen a bailar en la incesante juerga con máscaras, disfraces y antifaces. Hay quien se contagia de más y suelta hasta la ropa. No pasa nada, todo es alegría y expresión latina.

La comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero) son bien recibidas en Río de Janeiro, sin discriminación alguna, la ciudad las acoge como parte de ella y los considera amigos de la localidad. En distintos lugares de Río se pueden encontrar centros nocturnos, parques y hasta hoteles solo para la comunidad LGBT, identificados con la bandera del arcoíris.

El Carnaval es tan importante para el brasileño como el fútbol, por eso se esmeran cada año en demostrar que son los mejores dentro y fuera De la cancha.

“La samba se lleva en la sangre, aquí todo el mundo es feliz y nosotros disfrutamos cada minuto de la fiesta, no me imagino a Río de Janeiro sin Carnaval”, susurra en uno de los ensayos musicales Cozme Wagner, miembro de la “batería” o grupo de percusión que anima el desfile con bombos, tambores, “cuicas” y panderos de la escuela Emperatriz.
Todo está listo, el alcalde de Río de Janeiro ya dio por declarado el Carnaval. Entregó las llaves de la ciudad al rey Momo, llamado así en honor al dios griego de la burla. Esto simboliza que la ciudad se entrega a los juerguistas para disfrutar de los cinco días de Carnaval que se extienden hasta las primeras horas del 13 de febrero, miércoles de ceniza.

Los hoteles se llenan a su máxima capacidad y los atractivos turísticos se copan de visitantes. “El 90% de los ingresos provenientes del turismo al año, se consigue en febrero”, afirma Tania Ramos, vendedora de artesanía y souvenir en la Feria Turística de Copacabana que agrupa a más de 100 pequeños quioscos en los cuales se pueden encontrar desde réplicas miniaturas del Cristo Redentor fabricadas en piedras preciosas, hasta muñecas garotas, pasando por sombreros, máscaras y cuadros. Seis millones de turistas provenientes de todas las latitudes del mundo están danzando.

Europeos, asiáticos, africanos y americanos se unen con los cariocas para experimentar el desenfreno y la alegría que produce ser parte de la fiesta más esperada del año en Brasil. La gente va por la calle contoneándose y saborea una ciudad más que maravillosa.


 

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