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Los Puertos celebra el día de la Virgen de Altagracia, conozca el origen de la Vuelta al Terruño
Margioni Bermúdez
miércoles 26 de diciembre de 2012 03:07 PM
Margioni Bermúdez / Los Puertos de Altagracia

Texto y fotos: Margioni Bermúdez

Casi como una escena sacada de Macondo, la célebre novela Cien años de soledad. Sin electricidad, con callecitas de arena, sin servicio de agua potable, ni de cloacas. No había un liceo, quienes querían seguir estudios más allá de sexto grado debían viajar en vaporcitos hasta Maracaibo y sortear las mareas del Lago de Maracaibo. Así eran Los Puertos de Altagracia cincuenta años atrás. Para entonces había unos 17 mil habitantes.

Con la descripción de Guido Puche, nacido hace 77 años en la humilde casa número 7-8, en la calle de la playa, comienza la historia de la Vuelta al Terruño, tradición que suma cinco décadas y que se ha convertido en un momento de reencuentro entre los nacidos en este pueblo costero, capital del municipio Miranda, ubicado al norte de la Costa Oriental del Lago.

“Uno lee Cien años de soledad y ve la situación que tenía Macondo y era algo parecido a lo que ocurría en Los Puertos. Recuerdo de niño que esto era peor que Macondo. Aquí no había nada. Las casas estaban en muy mal estado, las fachadas estaban derruidas. La gente apenas sobrevivía con la pesca y la cacería”.
Como una manera de cambiar esa precaria realidad nació, el 6 de marzo de 1951 la Institución Mirandina, tras el llamado que hicieron los miembros del Concejo Municipal de la época de congregar fuerzas e ideas para sacar del atraso a Los Puertos de Altagracia.

“Quiero aclarar para la historia, porque aquí en Los Puertos y en algunos pueblos del Zulia se dice que el autor de la Vuelta al Terruño fui yo. Eso no fue así, no soy superman, eso fue un equipo, que lo llamamos el grupo pionero. Éramos 35 personas, todos estudiantes pobres, que nos estábamos ‘mascando’ un cable y dijimos: hasta aquí llegó, de ahora en adelante los mirandinos no tendrán que cruzar más el Lago en esos barquitos de madera con todos los riesgos que significaba. Ahora hay liceos en todos las parroquias, boticas (farmacias) por todos lados”.

Las palabras de Puche, quien se convirtió más tarde en un prominente abogado y ocupó cargos de gobierno, subrayan el giro que significó aquella “revuelta” cívica. La tierra de Altagracia, cuyo tiempo de fundación coincide con el de Maracaibo, recién comenzaba a despertar de su letargo.

“Reclamábamos que al pueblo se le diera un tratamiento como cuna del procerato zuliano, porque las glorias del pasado nos daban derecho a eso. Y nos preguntábamos: si nosotros pusimos a Ana María Campos, las gran heroina zuliana; si aquí nació otra heroina de gran valor como Domitila Flores, nativa de El Calvario; si fuimos la cuna de gran cantidad de próceres que lucharon por la independencia y la libertad de nuestro país ¿por qué conformarnos con seguir en el atraso total?”.

Además de las glorias históricas, Puche resalta los talentos que han hecho de Los Puertos una referencia cultural. Su memoria se pasea por Gabriel Bracho, uno de los muralistas más reconocidos de la época contemporánea. La música es otro baluarte. “Aquí, los muchachos silban por las calles y parecen unos turpiales, porque son personas que tienen un oído especial”.

Desde que la Vuelta al Terruño comenzó en el año 1963, Puche ha asistido de manera ininterrumpida. Vive en Caracas, en donde se ocupa de un bufete de abogados, pero cada año viaja para estar presente. “No concibo un año sin venir y el día que eso pase será cuando me marche a la ‘ciudad de Dios’ y espero que cuando me vaya, Dios de vez en cuando me dé un ‘permisito’ para bajar y estar espiritualmente”.

En las palabras de Puche se siente el amor de un hombre por el sitio que lo vio nacer. Es esa emotividad y efusión lo que se respira cada 26 de diciembre en la localidad habitada ahora por más de 100 mil personas.

La Vuelta al Terruño es uno de los frutos de la Institución Mirandina. Al hablar de los logros alcanzados con este despertar, Puche enumera varios. “La primera misión que se hizo en conjunto con el Concejo Municipal fue lograr el asfaltado de las calles que eran de arena. Luego vinieron los servicios públicos, aceras, brocales, el primer liceo que nació con el nombre de Altagracia y luego pasó a llamarse José Paz González. La instalación de la petroquímica fue otro de los alcances de las gestiones surgidas de las tertulias entre los miembros de la institución”.

“El llamado inicial de la Vuelta al Terruño fue para armar tertulias en las que se discutía cómo contribuir en el desarrollo del municipio. Desde un principio se hizo un llamado a los coterráneos para que vinieran al pueblo en la víspera al Día de la Virgen de Nuestra Señora de Altagracia. Nosotros fuimos los pioneros de estas fiestas patronales. Somos tres años más antiguos que las fiestas en honor a la Virgen de Chiquinquirá”.

Ubicada a orillas del Lago y con una doble vista que da al bulevar y a la iglesia Nuestra Señora de Altagracia, está enclavada la estructura donde funciona la sede de la Institución Mirandina. Allí nació monseñor Mariano José Parra León, quien en vida fuera obispo emérito de Cumaná. “La familia de monseñor donó esta casa. En el cuarto donde nació funciona ahora la oficina principal”, explica Ender Hernández, presidente de la Institución Mirandina.

La primera reina de la Vuelta al Terruño, Ercila Gutiérrez de Geizzelez, también fue reina de la primera feria de la Chiquinquirá, —añade Hernández— “pues cuando se inicia convocaron a las reinas de los distritos (ahora municipios) y por ser la primera Feria, el jurado inteligentemente decidió que las diez muchachas fueron nombradas reinas de Nuestra Señora de Chiquinquirá”.

Han pasado cinco décadas desde que Ercila Gutiérrez deslumbró con su gracia y belleza a los asistentes de aquel “experimento”. Su nombre está en la historia altagraciana. Asegura que ese reencuentro anual forma parte de su vida, de sus costumbres más arraigadas.


“Jamás me perderé un 26 de diciembre, me parece que es un momento de reencuentro con los viejos amigos, es una cosa maravillosa. Vienen de todos lados, desde donde quiera que estén. Como mirandina venero a la Virgen y es una emoción muy grande. Creo que debe darse más importancia a la Vuelta al Terruño que a la feria en sí. De hecho, nuestra tradición motivó a actividades como el Retorno a Mara, con un ánimo parecido”.

El cronista de Los Puertos de Altagracia, Julio César Franco insiste en el sentido de este retorno al terruño, que hasta hace 50 años atrás dejaba ver una imagen bucólica, como una fotografía en blanco y negro. “En la década de los años 50 se lograron varias obras con la creación de la Institución Mirandina. Surgió la idea, en el marco de las fiestas patronales en honor a la Virgen Nuestra Señora de Altagracia, de hacer un llamado espiritual a los que estaban viviendo en otros lugares para que cada 26 de diciembre se acercaran a Los Puertos de Altagracia con sus familias”.

La Vuelta al Terruño —recalca Franco— “se ha mantenido como una tradición. Tiene más que ver con el amor y la veneración a la Virgen de Altagracia y el sentimiento de reencontrarse con familiares y amigos. En contraste, la feria es otra cosa, porque se le ha dado un sentido comercial. Es indudable que el 26 de diciembre es el gran día del retorno, del reencuentro. Se hace insuficiente la iglesia para albergar a todas las personas que se congregan”.

Llegó el gran día. Los hijos se reencuentran con su pueblo, con sus orillas bañadas por el Lago de Maracaibo, con sus atardeceres que irrumpen las pupilas como ráfagas de vida, con el abrazo familiar. Es 26 de diciembre, día de la Vuelta al Terruño, de la patrona de Altagracia. ¡Bienvenidos todos los que aún viviendo en otras tierras jamás olvidarán el lar que los vio nacer!

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