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PERFIL Ronaldo, El último FENÓMENO
sábado 22 de septiembre de 2012 09:30 AM
Humberto Perozo Suárez / Maracaibo

 Su cara era la del niño que había roto el juguete preferido de papá. La picardía siempre acompañó a sus grandes y separadas paletas, su cabello rapado y la voz tímida. En el campo era un tren que frenaba y arrancaba con una pasmosa naturalidad. Solo hasta que las rodillas lo subyugaban, Ronaldo era imparable.


La primera imagen pública de Ronaldo Luiz Nazario da Lima corresponde a 1994. Lo descubrió Jairzinho, el campeón mundial de 1970, exjugador del Portuguesa venezolano: “Empezó a hablar bien de mi en el mundo del fútbol. Todos empezaron a ver al San Cristovao. A partir de allí empecé a tener un poco de media en el mundo del fútbol”, recordaba Ronaldo, en una entrevista para Gol Televisión.


Había brillado con el Sao Cristovao y el Cruzeiro. Carlos Alberto Parreira decidió darle la oportunidad para tenerlo en el plantel brasileño que pelearía en el Mundial de Estados Unidos. Y, aunque no entró en acción, sí apareció en las fotos como el niño portaestandartes de la bandera que elevaron Romario, Bebeto, Taffarel, Dunga y compañía.


La necesidad económica hizo que tomara al fútbol como una obligación, como una profesión. Aunque nunca vivió paupérrimamente, sí pertenecía a la parte más baja de la zona media en Sao Paulo. Su madre, divorciada, trabajaba más de 14 horas al día para mantener a sus tres hijos. En Bento Ribeiro nunca dejaron de comer, pero sí querían ver descansar a doña Sonia.


El tiempo lo dejaría ser protagonista. O más bien, se ganó el protagonismo a punta de dribles y goles. El PSV holandés se fijó en su talento y lo captó para llevarlo a la tierra de los tulipanes. En él veía al heredero de Romario, con mayor envergadura física, velocidad y habilidades.


“Sus pases de piernas hicieron felices a los realizadores de la televisión y amargaron a sus adversarios”, cuenta el francés Bernard Morlino en uno de sus Retratos legendarios del fútbol. A Ronaldo lo ubica entre los Tiradores de élite. “En el cara a cara con los porteros, ganaba ocho de cada diez veces. No fue en vano que se le bautizara como il Fenómeno. A lo largo de la historia son raros los jugadores que regatean en plena carrera a varios adversarios a la vez”.
Era un fenómeno de la naturaleza, un huracán que pasaba entre los zagueros como entre columnas. Había que recurrir, si se le alcanzaba, a la falta extrema para frenarlo. Pero era difícil retenerlo, mucho. Su inteligencia lo hacía adelantarse a la acción.


Con el PSV Eindhoven logró 42 goles en 46 duelos. El Barcelona, experto en hacerse con los grandes nombres del fútbol mundial —Kubala, Cruyff, Maradona y Romario ayudaron a llenar sus vitrinas y las pupilas de sus fanáticos—, le ofreció dinero a manos llenas.


Ronaldo firmó con el club blaugrana por 4.500 millones de pesetas. Entraba, así, en la élite del fútbol mundial, donde se encontraba su ídolo Romario.
Solo se vistió de blaugrana un año, pero bastó para conquistar al exigente público de la capital condal.


Entre esos admiradores se encontraba el escritor catalán Manuel Vázquez Montalbán: “Era fornido como un delantero centro a la antigua, rápido como un velocista, difícil de obstaculizar y de derribar, ágil como un bailarín de samba, con la técnica que los niños brasileños aprenden desde que pueden darle a un balón”.


La actuación individual de Ronaldo descolló. Entre 1996 y 1997 guió al Barcelona a ganar la Copa del Rey, Recopa y Supercopa de España. Obtuvo también su primer Fifa World Player. En la Liga anotó 34 goles en 37 partidos. “No era un hombre, era una manada”, manifestó el argentino Jorge Valdano.

Contra el Compostela dejó uno de sus mejores goles. Arrancó desde el mediosector y, con el balón en los pies, resistió cualquier empujón. La defensa gallega solo pudo colgarse de su camiseta, como si le pidiera al brasileño que le llevara al arco propio. El envión lo recortó cuando pisó el área compostelana, y luego de dos toques cortos remató para festejar.

El Inter de Milán ofreció pagar su cláusula de rescisión y más allá. Necesitaba un golpe que silenciara al eterno rival, el AC Milan.
“Salí de la Liga española, que era más abierta, mucho más goleadora, la defensa marcando a zona y llegué a Italia, hombre a hombre todo el campo, con uno en el fondo”, analizaba Ronaldo sobre su arribo a la Serie A. “Tuve una interrupción grande por dos lesiones idénticas. Fue el destino. Trabajé para recuperarme y volver a jugar, con entrega total (…) En ese momento me dio bastante miedo, pero en ningún momento pensé que por eso dejaría el fútbol”.

Con la selección afrontó su mundial, el de Francia 1998. Era el de su consagración. Comenzó con el pie derecho ante Marruecos (3-0, anotó uno), contra Chile en los octavos de final (4-1, marcó dos), y ante Holanda en semifinales (1-1, anotó la diana amazónica, clasificando en penales a la definición contra la selección local).


En la final de Saint Denis protagonizó un episodio que todavía genera controversias. Previo al partido sufrió convulsiones, y aunque el técnico Mario Lobo Zagallo prefirió colocar a Edmundo en la titular, para dejar descansando a Ronaldo, las presiones alrededor de la selección obligaron a que el dorsal 9 fuera desde el arranque.


Nunca apareció en el compromiso que terminó ganando Francia 3-0.
En el 2000 de nuevo las rodillas frenaron la carrera de “El Fenómeno”. En un duelo de Copa Italia contra la Lazio se desplomó, sin que nadie lo tocara. Los tendones de su rodilla derecha lo dejaron fuera del campo, hasta el 2001.
El Mundial de Corea-Japón 2002 se convirtió en su segunda gran oportunidad para ser elevado a los altares del fútbol mundial. Comenzó inspirado, anotándole a Turquía (triunfo brasileño 2-1), a China (4-0) y a Costa Rica (5-2, metió dos). En octavos de final le anotó a Bélgica (victoria 2-0) y en semifinales marcó el gol del triunfo a Turquía (1-0).


La final, contra la todopoderosa selección alemana de Oliver Kahn, Miroslav Klose y Oliver Bierhoff, el crack de la camiseta 9 anotó dos goles, en la victoria 2-0 en Yokohama. Con una visera de cabellos, corte curioso que imitaron niños y jóvenes en el Mundial, Ronaldo elevó su copa particular.


El desembarco en el Real Madrid ocurrió tras marcar 58 goles en 99 partidos con el Inter.
Florentino Pérez, en 2002, utilizó a Ronaldo para relanzar al Madrid, con el sobrenombre Galáctico. Estrellas como David Beckham, Michael Owen, Zinedine Zidane y Luis Figo convirtieron al conjunto merengue en la primera empresa global del siglo XXI, mitad deportes, mitad publicidad. El brasileño costó 45 millones de euros.

“Cuando llegó a Madrid, todas las miradas se dirigieron al médico”, explicaba el escritor mexicano Juan Villorro, en su libro Dios es redondo. “Solo un ortopedista con nervios de titanio podía autorizar ese traspaso. Además, Ronaldo llegaba con sobrepeso y ganas de pasar más tiempo en discotecas que en el área chica. Florentino y Valdano compraban más un símbolo que una realidad. Se salieron con la suya, por un centímetro de tejido orgánico”.

Para el Mundial de 2006 apenas apareció en octavos de final, anotando un gol en el triunfo 3-0 sobre Ghana, terminando eliminada Brasil en cuartos de final a manos de Francia.
Ronaldo culminaría su registro histórico de goles en Mundiales con 15, rompiendo el récord del alemán Gerd Müller. “Quince goles es una marca muy importante, que durará muchos años”, apuntó el brasileño. “La ayuda ha sido de mis compañeros, porque el fútbol no es un deporte individual”.


Se distanciaría del Real Madrid para recalar en el AC Milan. Coincidió esta época con el tratamiento al que tuvo que someterse por el hipotiroidismo, una disminución en las hormonas tiroideas que físicamente afecta con un aumento de peso.


A la enfermedad se unieron las lesiones de rodillas que aceleraron su adiós. Luego del paso por el Milan, se unió al Corinthians brasileño, equipo con el que se retiró. Las condiciones le abandonaron y del “Fenómeno” solo quedaba la historia.


Como buen brasileño, la vida nocturna, la fiesta y la samba siempre lo atrajo. Sin embargo, nunca llegó a estar a la par en polémicas como otros grandes alegres, tipo Garrincha o Adriano.
Ronaldo es padre de cuatro hijos: Ronald, hijo que tuvo con Milene Domingues; Maria Sophia y Maria Alice, hijas suyas con Bia Antony; y Alex, fruto de una relación fugaz que tuvo en Japón con la camarera Michele Umezu.

Le tocó decir adiós en rueda de prensa el 14 de febrero de 2011. “Es muy duro cuando tienes que abandonar algo que te ha hecho tan feliz, que te ha dado tanto amor. Podría seguir, porque mentalmente y psicológicamente quiero, pero tengo que asumir algunas derrotas. Perdí por mi cuerpo”.


Lo dijo entre lágrimas, cabizbajo, con la tristeza en la camiseta.
Muy lejos de los tiempos geniales, cuando salía a celebrar los goles con los brazos abiertos, como un avión a punto de despegar.

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