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REPORTAJE: "El Loco Barrera", capo de capos
jueves 20 de septiembre de 2012 09:00 AM
I. Liendo / Agencias / italaliendo@panorama.com.ve / Maracaibo

aniel “El Loco” Barrera se movía en Venezuela desde 2008. Es considerado, por las autoridades colombianas, como “el capo de capos”. Perpetró múltiples crímenes e hizo pactos con paramilitares, guerrilleros y narcotraficantes en varias regiones del país.


Fue capturado la tarde del martes pasado en San Cristóbal, estado Táchira, en plena vía pública mientras hacía una llamada telefónica.


Al anunciar la detención, Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, señaló que “El Loco” llevaba unos “20 años dedicado a todo tipo de crímenes y alianzas perversas con paramilitares y las Farc”.


En su alocución al país por radio y televisión, Santos agradeció también la efectiva colaboración del Gobierno de Venezuela.

“Fue capturado en San Cristóbal con la colaboración desde hace ya algún tiempo de la ONA (Oficina Nacional Antidrogas de Venezuela)”, afirmó Santos, al agregar que “también ayudó el servicio de inteligencia británico, el M 16, y las agencias de inteligencia de Estados Unidos, en particular la CIA”.

“Esta operación fue dirigida desde Washington”, aseveró el Mandatario colombiano, y refirió que el jefe de la Policía Nacional de Colombia, general José Roberto León Riaño, se encuentra en la capital de EE UU.

Barrera es considerado el segundo ‘narco’ más buscado del mundo, después del mexicano 'Chapo' Guzmán. Por él, la justicia estadounidense ofrecía cinco millones de dólares y el Gobierno colombiano cinco mil millones de pesos (2,9 millones de dólares).
¿Cómo inició Barrera su carrera delictiva? Barrera nació en los Llanos orientales colombianos en 1968 e inició su actividad en la década de los años 80, involucrado desde un comienzo con grupos al margen de la ley.

Su hermano Omar lo convenció de que abandonara Bogotá y se fuera al departamento selvático del Guaviare, en el sur del país, uno de los principales territorios de cultivo de coca en esos años.

Su primer oficio fue mezclar químicos con los que se refina la pasta de coca. “Era el cocinero (químico empírico) de los laboratorios en las selvas del Guaviare”, señaló una de las fuentes de inteligencia consultadas por el diario El Espectador hace unos años.
 

 

La revista bogotana Semana reseña la historia delictiva de “El Loco” así: “Al poco tiempo de llegar al Guaviare, Ómar fue asesinado por seis sicarios. 'El Loco' tomó venganza y él mismo mató a los verdugos de su hermano. Ese hecho le permitió ‘ganarse el respeto’ de algunos sectores del narcotráfico en Guaviare y le facilitó la entrada definitiva al mundo del narcotráfico en ese departamento. El 7 de febrero de 1990, ‘El Loco’ fue capturado en San José del Guaviare, sindicado del delito de tráfico de drogas.

En octubre de ese año logró fugarse de la cárcel de ese municipio y se refugió en el sector conocido como Caño Rayado, cerca de Puerto Lleras, Meta. Para esa época, la zona tenía extensos cultivos de coca y estaba dominada por el frente 43 de las Farc”.
Allí comenzó la relación de 'El Loco' con esa guerrilla. Entre sus labores estaba la de comercializar la coca que producían las Farc. En pocos años se ganó la confianza de varios comandantes guerrilleros y empezó a trabajar con los frentes 10, 14, 16 y 17, ubicados en el oriente del país.

“Utilizaba sus contactos en Guaviare para conseguir la base de coca y la llevaba hasta el Meta en donde era procesada. También se encargaba de conseguir los insumos para el procesamiento y de la coordinación de las rutas para sacar la droga desde Meta hacia otras regiones del país y el exterior", le dijo a Semana un agente de una entidad antidrogas extranjera que lo buscaba desde hace varios años.

Durante la época de la zona de distensión, entre 1998 y comienzos del 2002, Barrera se convirtió en un hombre clave para las Farc. “Les compraba la droga y la comercializaba. También se encargaba de hacer algunas inversiones en propiedades y tierras para las Farc”, explicó a la revista colombiana un oficial antinarcóticos. De hecho, durante la operación ‘Gato Negro’, adelantada por el Ejército en el 2001 contra el comandante del frente 16, el ‘Negro Acacio’, se encontraron detalles de la magnitud de la relación de ‘El Loco’ con las Farc.

En documentos de contabilidad que dejaron abandonados los guerrilleros cuando escapaban de esa operación aparecen decenas de recibos con el nombre de Barrera cancelando sumas que superaban los 30.000 millones de pesos mensuales por concepto de droga. Estas pruebas, así como declaraciones de personas que ayudaron a ‘El Loco’ a comprar bienes para las Farc hacían parte del gran expediente que está en la Fiscalía General. Pero esa guerrilla no fue la única socia de Barrera.

Parte de la droga que producían los diferentes frentes de las Farc en el oriente del país era comercializada por Barrera con narcos del cartel del Norte del Valle, Antioquia, la costa y Nariño. “Los ‘narcos’ sabían que la droga provenía de las Farc, pero en un negocio como el narcotráfico las diferencias ideológicas quedan en un segundo plano”, explicó a Semana un agente de la DEA.
Barrera consiguió algo que parecía improbable: unir a los paramilitares con la guerrilla. Logró que bloques de paramilitares como el Vencedores de Arauca, bajo el mando de Miguel Ángel y Víctor Mejía Múnera, alias ‘Los Mellizos, compraran la droga que era producida por las Farc para después ser comercializada y exportada por ellos.

El negocio fue tan ‘rentable’ para todas las partes involucradas en la transacción, que terminó haciendo ese tipo de negocios con varios comandantes en el propio Santa Fe de Ralito. El único inconveniente que 'El Loco' tuvo se presentó con el jefe del Bloque Centauros, Miguel Arroyave. Este y Barrera habían sido socios a mediados de los años 90 en el transporte de insumos. Sin embargo, cuando Arroyave y su bloque fueron adquiriendo poder y empezaron a dominar vastas zonas del oriente del país, empezaron los roces.

Arroyave, que tenía una gran máquina de guerra con 5.000 hombres, consideraba y trataba a ‘El Loco’ como un empleado y no estaba dispuesto a que Barrera obtuviera millonarias ganancias actuando en territorios que eran controlados por Arroyave y el Bloque Centauros.

Para mediados de 2004, ‘El Loco’ era bastante conocido y ‘apreciado’ por muchos de los comandantes del estado mayor de las AUC y los principales capos en el país. De común acuerdo y con la autorización de algunos de los más fuertes jefes paras, consiguió permiso para asesinar a Arroyave.

En septiembre del 2004, el jefe de Bloque Centauros fue acribillado por dos de sus comandantes conocidos como alias ‘Cuchillo’ y ‘Jorge Pirata’. Tras la muerte de Arroyave, el Bloque Centauros se atomizó y 'El Loco' colonizó las principales zonas que dominaba Arroyave, incluida Bogotá.
Para ese momento, Barrera ya había consolidado alianzas con grandes capos. De hecho, a mediados del 2003, la Policía y la DEA hicieron un operativo en una finca de Barrera en el municipio de Tabio, Cundinamarca.

Iban tras Diego Montoya, alias ‘Don Diego’. Cuando llegaron las autoridades, el jefe del cartel del norte del Valle ya había escapado, pero en el lugar estaba ‘El Loco’ en compañía de seis capos del narcotráfico, solicitados en extradición y por quienes se ofrecía una recompensa de cinco millones de dólares. Entre otros estaban Hernando Gómez, alias 'Rasguño'; Jhony Cano; Orlando Sabogal y Jaime Maya.

Aplicando el mismo esquema que durante años usó Arroyave en la capital colombiana, ‘El Loco’ Barrera ha sobornado miembros de la Fuerza Pública en Bogotá para garantizar sus ‘operaciones’ en la ciudad. “La nómina para pagar oficiales y miembros de los organismos de seguridad ronda los 250 millones de pesos mensuales”, indicó a Semana un oficial que trabajaba al servicio de Barrera.

Esto le permitió que, al igual que en la época de Arroyave, cualquier narco que deseara utilizar a Bogotá para exportar o como sitio de tránsito de droga tuviera que pedirle autorización y pagarle por ello. Conformó oficinas de cobro, pero, a diferencia de Arroyave, aplicó una estrategia que le ha permitido tener un bajo perfil. No le interesaba controlar todos los barrios de Bogotá, como sí llegó a ocurrir con Arroyave, ya que eso implicaba un gran despliegue de hombres que la haría visible.

La táctica de Barrera fue simple, pero, según medios colombianos, más útil: contaba con la ayuda de oficiales de alto rango y puestos claves en la Fuerza Pública. Esto le permitió que sus 'negocios' se llevaran a cabo sin mayores contratiempos en la capital y a la vez le garantizaba su seguridad en Bogotá.

“Cuando se movilizaba por esa urbe, lo hacía en una camioneta blindada, que algunas veces tenía placas oficiales. Su jefe de seguridad era el hermano de un alto oficial que trabajó en la Presidencia de la República ( de Colombia)”, reseña la prensa del vecino país.

En esa nación, ‘El Loco’ está siendo investigado por narcotráfico, lavado de activos y homicidio. En EE UU y Europa también se adelantan investigaciones en su contra, por lo que es probable que el siguiente paso sea la extradición a Estados Unidos”, reseñó Semana.
Horas después de su captura, el Gobierno venezolano, a través de la Oficina Nacional Antidrogas (ONA) informó que “El Loco Barrera” se colocó ácido en las manos para evitar que se le verifiquen las huellas dactilares, además de realizarse cambios fisionómicos para cambiar su identidad.
Para burlar controles policiales, Barrera se hizo varias cirugías faciales y se cree que hasta liposucciones.


Barrera tenía 2 difusiones de la Interpol: Roja y Azul, por tráfico de drogas, legitimación de capitales y estafa. Al momento de su captura llevaba pasaporte falso de origen colombiano, con el nombre de Lucumi Popo, José Tomás.
Desde agosto pasado, el Gobierno venezolano había comenzado a seguir sus pasos, luego que fuera alertado por el Ejecutivo neogranadino.
En Bogotá, hacía cuatro meses, Barrera mandó un mensaje a miembros de la Policía diciéndoles que estaba en esa ciudad y que no era un capo de bajo perfil, como lo había declarado el general Óscar Naranjo, exdirector de la Policía Nacional.

El diario El Tiempo publicó ayer en su portal: “Permaneció dos semanas en un apartamento y solo se movía a llamar por teléfonos públicos a sus lugartenientes y a un oficial que le cuidaba la espalda. Esas llamadas le permitieron a agentes antimafia británicos y estadounidenses armar un entramado de teléfonos que Barrera solía contactar para moverse dentro y fuera del país.

Así pudieron documentar que hace dos meses tomó un vuelo desde Venezuela rumbo a África para asegurar una de las narcorrutas que su organización sigue usando. Cuando regresó, saltó a un corregimiento de Juradó (Chocó).

‘Tenía planeado salirle a la DEA en Panamá como prueba de que sí quería someterse a EE UU’, le dijo a ese diario uno de sus lugartenientes. Pero la incautación de 150 fusiles de su organización, el 12 de mayo, lo obligó a moverse.

Una semana después, los seguimientos satelitales que le hacían lo ubicaron en el campamento de Géner García, alias ‘Jhon 40’, el llamado capo de las Farc, su socio y para quien iban de 'regalo' los 150 fusiles incautados. En la selva, el rastro se perdió durante semanas hasta que uno de los teléfonos que solía contactar volvió a sonar. En esa llamada, Barrera informó que había regresado a Venezuela y que iba a permanecer hasta noviembre en San Cristóbal, en donde el pasado martes fue capturado”.
En el despliegue por capturarlo, informa el diario El Espectador, de Colombia, fueron aprehendidos sus socios Claudio Javier Silva Otálora y Luis Agustín Caicedo Velandia; su madre, Ana Silvia Barrera; sobrinas y sus esposos, y hasta su hermano Arnoldo, quien sufre de síndrome de Down y es, particularmente, su adoración. Tanto amor fraternal no evitó, sin embargo, que el nombre de Arnoldo fuera usado para transacciones comerciales del cartel de Barrera, quien por años intentó constituir una fachada legal para sus ilícitos negocios.
Entre los delatores de Barrera figura, además, un miembro de su propia familia, quien recibió dineros de los organismos antidrogas durante meses.

Detener a este hombre era tan importante, que para lograrlo tuvieron que intervenir, además del colombiano, tres gobiernos más: el británico, el estadounidense y el venezolano. El primero aportó información fundamental de inteligencia. El segundo, a través de la DEA y la CIA, entregó información relacionada con temas financieros y lavado de activos. La Policía venezolana, por su parte, ayudó a seguirlo, ubicarlo y, finalmente, capturarlo”.
“Es un golpe histórico, era el último gran capo”, sostuvo el ministro El Aissami al afirmar que esta gestión ha detenido, en Venezuela, a 91 jefes importantes de organizaciones criminales. 

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