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CAFÉ CON...Crisol Carabal: “Hay que tener actitud para desnudarse”
martes 24 de julio de 2012 08:35 AM
Luis del Villar / Caracas

 De entrada en el café, Crisol Carabal dice que jamás se le ocurrió ser artista. “La vida me llevó a eso porque declamaba desde los cuatro años y mi madre sí era una actriz frustrada”.


Sin embargo, el hecho de pertenecer a un grupo de niños y jóvenes católicos la puso en el papel de la eterna Virgen María sobre el escenario. “Yo soñaba ser una psicóloga, pero un día fui a Rctv a un casting y terminé ganando la semifinal declamando en ¿Cuánto vale el show?”.


A partir de ese momento fue cuando comenzó su pasión por el mundo de la TV hasta llegar a consolidarse como una de las más talentosas actrices venezolanas al día de hoy. “Admiraba a Marina Baura y Doris Wells”, confiesa al tiempo que recuerda su look poco atractivo.


“Yo era normalita, dientona y el pelo enrollado. Hasta me regañaron en mi primera audición en cámaras por la pinta, al lado de otras mujeres muy despampanantes”.


Acto seguido, la historia de Crisol fue como la canción “Talento en TV” ( Amílcar Boscán), porque para las más guapas con todo y cuerpazo no pudieron llorar en las escenas de llanto y a ella, a pesar de ser “la Betty” le asignaron el papel. “He podido interpretar unas gemelas, pero me encantaría ser una heroína, una psicópata o ciega. Mis personajes favoritos son los característicos ya que nos permiten matizar y se les puede sacar mayor provecho”, apunta.


La primera novela de Carabal fue “Selva María” (1987). En este dramático descubrió que los besos de novela son de verdad y todo depende de algo más que la química. “Un actor me metió la lengua y con todos y los nervios le soné su buena cachetada por atrevido. Quizás él confió que yo era una principiante en ese momento”.


En cuanto a su vida “real”, Crisol está casada con Sandro Nerilli, un mago de raíces italianas que la hechizó tras bastidores en las tablas de un teatro. “Yo soy rara y tener pareja no fue fácil. Mi personalidad es muy particular y hay mujeres que se divierten en la vida social, pero en mi caso no tomo ni fumo”.


“Nunca imaginé casarme y mucho menos vender mi boda por televisión. El matrimonio me llegó un poco tarde y suelo disfrutar de cosas más bohemias que exponerme vestida de blanco frente a los televidentes. Afortunadamente ahora en las cosas del hogar, mi marido cocina mejor que yo”.


La artista confiesa que ama con locura el mundo del cine y cuando le ofrecieron el único rol estelar de su carrera tuvo que rechazarlo por ir en contra de sus creencias. “Soy muy devota del Nazareno de San Pablo. Si Sandro se convierte en ateo, creo me divorcio”.


“Cuando me operaron del tumor en la cabeza (1997) resultó un cambio radical en mi visión. Creí no trabajar más nunca y aquí estoy. Dios me concedió la oportunidad de seguir viva y a plenitud”.


Cada sorbo de café lo adereza con la dualidad de su dulce carisma y lo recio que pudiera resultar su temple. Asimismo se refiere a las cirugías plásticas.


“No estoy en contra de la ayuda estética, lo malo es la obsesión que pudiera resultar el bisturí de un cirujano. Hay gente que cae en frustraciones porque cultiva en exceso la belleza externa y se olvida de la interna”.


El café de Crisol se calentó gracias al microondas y sin querer nos adentramos en temas un poco más subidos de tono. “No tengo ningún problema con los desnudos artísticos en la pantalla; lo que no acepto es la vulgaridad en público”.


Continúa sobre su tarifa para posar sin ropa en una revista para adultos. “Honestamente a veces me siento como una chayota sin sabor y hasta para desnudarse hay que tener actitud y yo no la tengo. Recuerdo hice un papel de prostituta (llamada Aguamiel) y eso era actuar, lo otro sí sería la verdadera Crisol”.


Del erótico trabajo en TV apunta que una mujer o fans desconocida la acosaba por teléfono, pero no pasó de ser una anécdota en su trayectoria profesional. “En la vida hay de todo y puede que alguien extraño se empeñe en enamorarse de uno”.


Y en la pregunta sobre fantasías privadas, respondió: “Estoy feliz con mi esposo... aunque siendo más joven y antes de casarme tuve la curiosidad de imaginar cómo sería un hombre asiático y los rituales de la intimidad japonesa (Risas)”.

 

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