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ENTREVISTA: EL IRREPETIBLE Gilberto Correa
Ilustración: Moira Olivar / PANORAMA
viernes 06 de julio de 2012 09:30 AM
Luis Aguirre / Maracaibo

De niño perifoniaba las comiquitas guindadas en un curricán en el enlosao de su casa, ubicada en la calle Venezuela, entre Miranda y Milagro, número 68, en el casco central de Maracaibo — hoy el Paseo Ciencias—. Gritaba: “Pasen adelante, yo vendo comiquitas”.

Aquellos comics que le compraba su mamá y que se devoraba en minutos, le sirvieron a los siete años como juego y ejercicio para la voz con la que durante 50 años Gilberto Emiro Correa Romero (24 de febrero de 1943) se ha hecho una marca en la industria del entretenimiento venezolano.

El animador, quien durante 31 años le puso voz y cara al maratónico de Venevisión, Súper Sábado Sensacional, narra desde su casa en Caracas cómo perfiló y desarrolló su talento frente a los micrófonos: “ Tenía 17 años. Mi hermana Gladys, que sigue viviendo en Maracaibo, me dijo un día que yo hablaba muchas pendejadas, que debería ser locutor. En ese momento la Cámara de la Radiodifusión de Venezuela dictó un curso en la estación Radio Popular de Maracaibo, en la avenida Santa Rita. Yo era un muchacho estudiando quinto año de bachillerato en el liceo Baralt. Presenté el examen de locución, lo aprobé, y cuando salí de ahí un señor de apellido Higuera Miranda, dueño de Radio Popular y Radio Reloj, me dijo que si yo quería trabajar con él en una nueva radio. Fue mi primer trabajo. Yo nací y me formé en la radio”.

Después de Radio Reloj se paseó por otras emisoras hasta que llegó a Ondas del Lago Televisión, fundada por Nicolás Vale Quintero. Gilberto nunca se imaginó lo que vendría. “Ellos tenían negociaciones con Venevisión y crearon Tele 13, y transmitieron un Venemaratón. Recolectamos dinero para comprarles regalos en Navidad a los niños pobres de Maracaibo. Ese programa lo grabaron en videotape y lo llevaron a Caracas. Allá gusté y me fueron a buscar en mi casa en Maracaibo. Ese señor tiene nombre y apellido, se llama Enrique Cuscó.

—¿Qué fue lo que gustó de usted?
—Aunque eso no lo puedo decir yo, imagino que fue la actitud, la desenvoltura, lo extrovertido, la simpatía, la persuasión... Nunca me lo dijeron y tampoco lo pregunté. ¿El traje? ¿la camisa? ¿el peinado? ¿la voz? no lo sé.

—50 años después, ¿reconoce sus potencialidades?
—Siempre las he reconocido. Ese día cuando me llamaron de Caracas para hacer lo que ahora llamamos casting, la prueba en vivo, demostré lo que hice durante 31 años en Venevisión. Me contrataron de una y comencé a trabajar el 1 de febrero de 1965. Duré muy poco tiempo, un período de prueba (risas).

—¿En tres décadas se supera un animador en su oficio?
—Sí, y te lo explico en palabras muy cortas. Un animador no es como un actor. A un actor le escriben un personaje: el malo, el bueno, el criminal, el bondadoso, el tímido, el pobre, el rico, el envidioso. Él representa a alguien y lo caracteriza según su capacidad histriónica. El libreto de un animador lo hace uno mismo: mis lecturas, los viajes, mi apreciación, mi vocabulario, la expresión, la capacidad de persuadir, la voluntad. A un animador lo va puliendo los años, no se puede fabricar en tres meses.

—¿Cuánto tiempo le tomó a usted?
—No sabría decírtelo, todavía estoy en eso. Cuando uno pierde en la vida la capacidad de aprender, empieza a morirse.

—¿Qué personaje terminó siendo usted en la TV?
—Ninguno. Yo me representé a mi mismo. No soy otro. Yo soy el mismo que aparece en la cédula, quizá un poco más arrugadito con los años, pero básicamente el mismo.

—¿Siempre ha confesado su edad?
—Claro, yo nací en milnoveciento.com

—¿Cuántos años tiene?
—Una vez un gran pensador inglés, George Bernard Shaw, dijo: El hombre tiene la edad de la mujer que acaricia.

—Ahora mismo, ¿a quién acaricia?
—Obviamente a una persona menor que yo... Por razones obvias...

—Wikipedia publica que usted nació el 24 de febrero de 1943...
—Wikipedia fue una enfermera del Hospital Urquinaona, en la avenida El Milagro, que trabajó allí 10 años después que yo nací. Pegaron el día y el mes, el año hay que revisarlo.

Lo cierto es que cuando Gilberto Correa nació la televisión era a blanco y negro, y también lo fue en su adolescencia. Incluso el animador saboreó el éxito del programa de los miércoles a dos tonos: “De fiesta con Venevisión”, que duró hasta 1978, no logró brillar a color en ese momento porque el gobierno de Carlos Andrés Pérez, en 1974, decidió prohibir la TV a color con la excusa de que no todos los venezolanos tenían el aparato. Luego el presidente Luis Herrera Campins, decretó en 1979, el permiso que entró en vigencia un año después.
Es en los años 80 cuando Gilberto entra a la época colorida de la TV con “Close up” y sus apariciones esporádicas en Súper Sábado Sensacional a raíz de la enfermedad de Amador Bendayán.

Recordar es vivir: “Yo empecé en Venevisión en 1965 por mis propios medios —narra—, caminando con mis propios pies. Haciendo ‘Ritmo juventud’ y ‘El show del pueblo’ —precedente de Sábado Sensacional, con la Orquesta Billo’s en zonas populares de Caracas como 23 de enero, Montalbán y La Candelaria—. Después llegó la gran oportunidad de animar el musical más importante del país ‘De fiesta con Venevisión’. Y tuvo un añadido, el Topo Gigio, ese personaje me conectó con todas las familias venezolanas y con los niños”.
“De fiesta con Venevisión” salió del aire en 1983 con el Viernes Negro (el cambio de divisa de Bs. 4,30 a 8, a 9, a 10). Gilberto revela que a Venevisión se les hizo cuesta arriba contratar la cartera de artistas internacionales que acostumbraba.

Entonces el canal le pidió hacer un proyecto adicional para justificar la contratación tan importante que tenía, y nació Close up. “En aquel intervalo, mi querido y amado Amador Bendayán se enfermó y me solicitaron que lo sustituyera en sus ausencias temporales. Al principio fue un mes, después dos meses, tres meses. Así estuve un año. Hasta que lamentablemente Amador se nos fue y en Venevisión se quedaron con la alternativa mía. Lo mismo que le pasó a Daniel Sarcos y a Leonardo Villalobos”.

La única diferencia que encuentra durante su trayecto “sensacional” con los tres animadores anteriores es que a él le tocó vivir la internacionalización del programa ( Súper Sábado Sensacional). “Me proyecté en Colombia, Puerto Rico, Estados Unidos y República Dominicana. Eso fue muy positivo. Tuve un regalo de Dios o de la Virgen de Chiquinquirá. Superé las expectativas”, confiesa con orgullo.

Después de 31 años en Venevisión decidió irse. “Simplemente no se dieron las condiciones para continuar trabajando allí. Estuve en una situación semejante a la que también tuvo la animadora Maite Delgado. Ocurre que en la televisión, a veces, se llega a un nivel que te dicen frases como: ‘Pero usted gana más que el presidente de la compañía’. Yo no tengo la culpa que el presidente no sepa pedir aumento de sueldo al dueño”.

¿Divismo? No. Se reconoce humilde y como “un hombre de transición, vivir el cambio de la TV del blanco y negro al color. Es bastante decir ¿ no?”.

—Es usted un privilegiado de las tecnologías...
—Sí. Hacer televisión de blanco y negro a color supuso una experiencia de exigencias. Tuve que entender que el escenario cambiaba el color, lo era todo. Ahora las tecnologías te actualizan, antes eran el futuro. En mi época no existía el BlackBerry y ahora te estoy hablando de uno, cuando nací ni siquiera existían los teléfonos móviles. Luego fui imagen de Telcel. Saca las cuentas... Uno tiene que adecuarse a los tiempos. Uno tiene que mimetizarse intelectualmente con los tiempos que vienen.

—¿Cuál es el invento tecnológico que lo ha sorprendido en su vida?
—La televisión en 3D. Y me impresionó más en 3D sin lentes.

—¿Y cuál es el invento científico le ha beneficiado más?
—Estoy esperando que inventen una vacuna contra el cáncer, o contra el Sida, o contra el infarto. Sé que los científicos están trabajando sobre eso. Es curioso como la gente hoy se asombra más con ver un avión militar, un cañón o un rayo láser para bombardear países. Si esos recursos con los que construyeron esos aparatos se hubiesen invertido en medicina el mundo sería otro.

—¿Qué tiene que agradecerle a la ciencia personalmente?
—Los análisis. Soy una persona que se hace un chequeo médico anualmente. Ahora me los hacen con heliografía en 3D que solo la ves tú, pero cuando lo tocas, lo sientes.

—¿Le teme a la vejez?
—En lo absoluto, estoy disfrutando la vejez.

—¿Cómo?
—La vejez te hace pensar hacia adentro. Eso que llamas vejez como un estado cronológico, es un estado del espíritu. El que se siente viejo se siente inútil, no es productivo ni está activo. Hoy estás hablando con un abuelito productivo.

El señor Correa ni con los años ha podido borrar su imagen de Don Juan. No existe estadística real de cuántas veces se ha casado. A él tampoco le interesó hacer su propio inventario durante la conversación. Los que se les conocen y han sido público son: el primero con la modelo argentina Claudia Spangher (1976). El segundo con María Eugenia Maury(1982), relación que fracasó en 1986 —y ella actualmente está casada con Diego Arria—. De ese matrimonio nació Karina (Caracas, 1983).

Luego, el animador volvió al altar, por tercera vez, para jurarse amor eterno con la exmiss y animadora Raquel Larez (en 1988). Se divorciaron en 1993. Tienen un hijo que se llama Carlos Enrique “Kike” Correa Larez (Caracas, 1990). La cuarta boda (2001) también tuvo final infeliz con Isabel Margarita Sanabria Marcano (sentencia de divorcio 16-12-2003). Y se cuenta que pensó en “lanzarse al agua” con la actriz Herminia Martínez.

En la lista de sus romances confesos se encuentran: Marcia Piazza, Pierina España, Marisela Berti, María Antonieta Cámpoli, Milka Chulina.

—Se estrena como abuelo, ¿qué se siente?
—Tengo un nieto de un mes. Te podrás imaginar, soy un abuelito primerizo al que le ha cambiado la vida. Este momento me hizo recordar cuando nació mi hija Karina, que es la mamá del bebé. Los periodistas me preguntaban cómo me sentía y contesté: solo pienso en el futuro. Cuando mi hija nació en 1983 lo primero que me vino a la mente fue: ¿Cómo será esta niñita cuando tenga 18 años? Un hijo te obliga a pensar en el futuro, y un nieto te invita a ver más allá.

—Siendo abuelo, ¿requiere rejuvenecerse?
—Realmente el nieto me llena de una energía increíble. Imagínate, estoy en el proceso de buscarle parecidos conmigo.

—¿Qué tiene su nieto Pedro de usted?
—La rayita Correa, esa que se une de los labios a la nariz.

—Se le complicará más la búsqueda. Dicen que usted perdió la cuenta de sus cirugías. ¿Cuántas son?
—Yo me hice una cirugía hace mucho tiempo en la nariz y no fue estética. Tenía el tabique desviado, más adenoides y respiraba mal. ¡Sabrás que para un locutor respirar bien es importantísimo!

—Es la única operación que cuenta...
—No, después me hice un retoque técnico. Aprovecho para recordar y reiterar algo que dije: Yo no me hice cirugías para quitarme años. Yo me hice cirugías para añadirme futuro.

—Eso es muy propio del mundo televisivo, ¿lo justifica?
—De todas partes, obviamente el mundo televisivo, artístico o farandulero es el más publicitado. ¿Cuántas personas trabajan en la televisión nacional? Pongamos que sean 1.000 personas. ¿Crees que 1.000 personas que vayan a un quirófano sea una economía sustentable para que haya tantos cirujanos plásticos?. Por eso, nuestras figuras de televisión como Chiquinquirá Delgado hace cuñas estéticas porque ella es famosa y la reconocen. Porque si buscan a Clementina Rodríguez que vive en el Alto Apure, no sería un buen testimonio para llamar la atención.

—¿Por qué los cirujanos que lo han operado no lo han usado a usted de imagen?
—La primera persona que me operó es mi cuñado, se llama Amílcar Aguilar.

—¿Y el segundo...?
—Ése no te lo puedo decir, no estoy autorizado.

—¿Qué fue lo que se quitó? Le transformaron la cara.
—Yo no me cambié nada, me hice un refrescamiento como dicen las mujeres.

—Usted sigue viendo Súper Sábado Sensacional...
—Nooo... No solo no los veo ahora, no lo vi ni cuando lo hacía.

—¿Se creía insuperable...?
—No. Cuando tú te ves en pantalla te influencias demasiado. Prefiero escuchar lo que dice la gente que me ve. De lo contrario, la opinión sería muy subjetiva. ¿Para qué quería verme yo? ¿para aplaudirme a mí mismo?

—Ha llevado una vida sin ídolos...
—Cuando trabajas en la TV tu orientación está en tu mismo oficio sin perder tu propia autenticidad. Yo no quise ser como Don Francisco. Quien busque ser Don Francisco en Venezuela será una mala copia. Don Francisco solo hay uno. Quien quiera ser en Venezuela el nuevo Gilberto Correa está equivocado, solo habrá un Gilberto Correa; malo, bueno o regular ... Te aseguro que nadie imita un fracaso.

—Usted dice que “un artista es como una huella digital: irrepetible”. ¿Usted lo es?
—Yo diría que sí.

—¿Quién es usted?
—Soy una persona que tiene un origen conocido. Un zuliano, y ya es mucho decir. Eso marcó mi vida. en muchas partes hacen referencia de eso. Yo soy un maracucho como lo es Luis Aparicio, Lupita Ferrer, Lila Morillo, Daniel Sarcos, Leonardo Villalobos, Ramón Arias. Soy un zuliano que tuvo la oportunidad en la vida de destacarse y, sobretodo, internacionalizarse.

—¿Se veía usted en ese cuadro de honor? ¿lo suyo fue ambición?
—En lo absoluto, nunca imaginé que me tocaría vivir una historia de semejante magnitud.

—¿A qué se ha estado dedicando recientemente?
—Profesionalmente como imagen corporativa de Mitsubishi y de Multinacional de Seguros. Hoy tengo más tiempo para ocuparme de mí mismo.

—Podríamos verlo de nuevo en la TV, ¿y haciendo qué?
—Haciendo todo lo que sé hacer, pero cuando las condiciones del mercado sean mas favorables. No se puede hacer buena televisión sin recursos, la televisión barata no existe.

—Está consciente de que usted es una marca, ¿ha pensado patentar su nombre?
—No, aunque he recibido muchas propuestas en ese sentido.

—¿Qué es lo mejor de usted, personalmente hablando?
—Es muy difícil saberlo, tendría que hacerme un psicoanálisis, pero para salir del compromiso de tu pregunta, podría responder: mantenerme vivo y activo y muy atento a las circunstancias que me rodean.

—¿Y qué es lo peor de usted? si se ha revisado lo malo también...
—A veces la impaciencia. Y en otras ocasiones ser perfeccionista. ¿Es eso un defecto?

— ¿Cuál es la falla imperdonable en la televisión en vivo?
—La improvisación. No estar preparado previamente.

—Habla usted mucho de estadísticas, en porcentaje dígame cuánto ha pecado de infiel…
—La infidelidad no la miden las estadísticas, se puede ser infiel tan solo una vez.

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